Y un día que fui a Tarleton a cortarme el pelo me encontré a un tal Bill Knowles, un antiguo compañero de Harvard, muy simpático. Había formado parte de la división de la Guardia Nacional que nos había precedido en el campamento; a última hora se había pasado a la aviación y se había quedado en Tarleton. -Me alegro de verte, Andy -dijo con excesiva seriedad-. Te pasaré toda la información que tengo antes de irme a Texas. Sabes, en realidad aquí sólo hay tres chicas… Me interesaba el asunto: era algo místico que sólo hubiese tres chicas. -… y ahora mismo vas a conocer a una.