Con Esa luz que no encandila, Rafael Velasco, sacerdote jesuita y poeta, aborda por primera vez el género novela a través de una historia que narra las problemáticas de El Triángulo, un barrio humilde ubicado en el conurbano bonaerense. Los vecinos, los curas católicos de la capilla, los pastores evangélicos, las mujeres que dirigen los comedores y las agrupaciones políticas se organizan para enfrentar a un grupo que maneja el negocio de las drogas en el barrio. Interpelado por el sufrimiento humano de los más débiles, Velasco reflexiona sobre la fe, la resistencia, el trabajo en comunidad. Los personajes muchas veces dudan si deben seguir adelante, piensan que no vale la pena esforzarse, que no van a lograr nada porque el enemigo es demasiado fuerte. Dentro del amplio espectro de emociones que se despliega en ellos–el miedo, la culpa, el amor, la frustración–y la imposibilidad de mejorar la situación que los atraviesa, "esa luz que no encandila" los impulsa a seguir intentando y a querer construir un futuro mejor para todos.